Un homofóbico menos, pero, ¿y el que lo reemplaza qué?
Viktor Orban gobierna Hungría desde hace 16 años, con políticas ultraconservadoras caracterizadas, en particular, por su “homofobia de Estado”, habida cuenta restricciones y prohibiciones arbitrarias y discriminatorias hacia el colectivo de la diversidad sexual de Hungría.
Durante esos 16 años Orban implementó leyes que limitaron en forma sistemática derechos del colectivo LGBTIQ+, por ejemplo con leyes que prohíben la mención de la homosexualidad o del cambio de sexo/género en escuelas, otras como la enmienda constitucional que ordena la prohibición de reuniones en forma pública del colectivo LGBTIQ+ (incluyendo la prohibición de Marchas del Orgullo) o reformas como la que impide a parejas del mismo sexo adoptar niños y niñas, entre otros cambios legislativos “regresivos”.
Los derechos humanos tienen la característica de ser “progresivos”. Es decir, el denominado “principio de progresividad de los derechos humanos” obliga a los Estados a mejorar constantemente el disfrute de derechos fundamentales, garantizando su mayor alcance y prohibiendo regresiones. Implica avanzar gradualmente hacia la plena efectividad de los derechos, prohibiendo disminuir o eliminar la protección ya alcanzada. Asimismo, impide adoptar medidas que disminuyan el nivel de protección ya existente.
Lo contrario al principio de progresividad es lo que ocurrió en Hungría durante el gobierno de Orban, es lo que tuvo que padecer diariamente el colectivo de la diversidad sexual.
Si bien el ganador de las elecciones, Péter Magyar se comprometió a alinear a Hungría a los valores europeos, lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta qué políticas llevará adelante en la materia. No obstante, mientras tanto, el colectivo LGBTIQ+ respira un poco ante tanta violencia, estigma y discriminación ejercida por el propio Estado, que trata a gays, lesbianas y trans como personas de segunda, las que no pueden acceder a los mismos derechos por prejuicios fomentados por el propio Gobierno local.
Recordemos que en 2025, el Orgullo de Budapest se celebró a pesar de una prohibición policial, convirtiéndose en una masiva manifestación antigubernamental con cerca de 200,000 personas desafiando al gobierno. A su vez el 21 de abril de 2026, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que la legislación húngara que limitaba los derechos LGBTQ+ viola el derecho comunitario, respaldado por ONGs locales. El clima empieza a ser otro tras el cambio de gobierno y auspicia, posiblemente, una marcha histórica y abierta tras años de resistencia.
Recordemos que las políticas regresivas de Orbán & demás líderes homofóbicos conservadores del mundo, son un caldo de cultivo para habilitar a otras personas a ejercer por mano propia la discriminación y la violencia, no solo a través de burlas, sino también lesiones, o incluso la muerte. Debemos siempre reprochar aquellas políticas de estado que atacan a grupos vulnerables, a los que está acostumbrada esa extrema derecha conservadora.
Desde la perspectiva de defensa de los derechos humanos y la no discriminación a grupos históricamente vulnerables, celebramos abiertamente la derrota del conservadurismo antiderechos de Orban.
A su vez, debemos no olvidar mantener altas las defensas para que los gobiernos de ultraderecha conservadora que quieran modificar derechos adquiridos en el mundo, y también en nuestro país (en donde lobbistas anti derechos LGBTIQ+ frecuentan espacios de poder), no puedan hacerlo.